Kechu. Las manos de las ñañas

18.11.2016 - Río Negro, Argentina - Gustavo Figueroa

Kechu. Las manos de las ñañas
Palín en la Plaza mal llamada “Expedicionarios al Desierto”. (Imagen de Gustavo Figueroa)

“Todo lo que hacemos es para que los kuyfikeche viajen a la tierra de sus ancestros”. Capítulo 5

Introducción

Kimvn (sabiduría), Newen (fuerza), Kume dungun (buena palabra), Kume Rakizuam (buen pensamiento) son palabras y frases que se repiten como conceptos; son principios de vida (mapuce) que se repiten en el meli witran mapu (cuatro puntos cardinales de la tierra); en cada trawün (encuentro), en cada Nguillipun (ceremonia), en cada lof (comunidad), en cada mapuce (gente de la tierra) está presente la difusión –de parte de las autoridades filosóficas y espirituales– de estos principios de existencia y diálogo contemplativo; siempre prevalece la contemplación respetuosa dentro de la cosmovisión mapuce. “Un longko debe ser una persona que respete a todo el mundo, debe respetar a todos los che (gente) que habitan la ñuke (tierra); debe ser un kumeche (buena gente)”. “Pero hay que conocer y para conocer hay que transitar el territorio”, me advierten certeros jóvenes mapuce. Y en ese proceso ando. Asumo como propia una práctica cultural ancestral. En cada lugar que visito encuentro la sabiduría de jóvenes y mayores mapuce que abundantes proliferan como lawen (plantas medicinales) sobre las calles esquivas del mundo subalterno. “El conocimiento sana”, define la Machi Pinda. Parafraseo otra de sus frases y reflexiono: “nosotros y nuestro pensamiento somos el remedio”. Por los senderos más despreciables caminan despojados, estigmatizados, irreconocibles mis hermanos y hermanas. Cada encuentro que logramos concretar responde a una forma de construcción filosófica y espiritual, pero también política. Logramos calmar la tristeza del recuerdo; durante unas horas nos fortalecemos, tejemos redes, articulamos fuerzas, bebemos como desde un ojo de agua la sabiduría de nuestro mayores. Luego seguimos el rupu (camino), cada uno hacía su ruka (hogar), su lof (comunidad), su waria (ciudad). “Pukallal peñi, peukallal lanmgen. Que tenga buen camino, que llegue bien a destino. Saludo a la familia”. Y en el viaje pensamos en el próximo encuentro.

 

Kechu. Las manos de las ñañas

El palin sobre la plaza mal llamada “Expedicionarios al Desierto”, el baile del Choike Purrún sobre el Auditorio de la Secretaría de Turismo de la Municipalidad de Bariloche, el Nguillipun de la machi (autoridad espiritual) Pinda sobre el lago Nawel Wapi, las manos de las ñañas sobre la lana.  

Primer fotograma

Son las seis de la mañana. Sobre los ventanales de la ruka se puede ver sobre las nubes como asoma lentamente un color naranja. El sol está pronto a aparecer sobre el puel (este), por encima de las montañas.

Caminamos por una calle de piedra hasta el lago Nahuel Huapi. Pasamos primero por una avenida de asfalto, luego por las vías de un tren. Por último atravesamos un pequeño bosque de retamas. El lago está “picado”. Sobre el rostro nos visita un viento frío e intenso. Para comenzar con la ceremonia es necesario prender una fogata. Mientras algunos buscan maderos y ramas, la machi junto a una joven mapuce se descalzan. Caminan entre las piedras frías y enormes. Luego por sugerencia de la machi formamos un semicírculo. Hay que ofrendar mirando hacia el puel, esperando los primeros rayos del sol. Hay que ofrendar y pedir por la familia, para tener un kume rakizuam, un kume dungun. Hay que pedir por volver bien a nuestros hogares. Si se le habla a la tierra y se le muestra respeto ella contesta. El humo camina por las cabezas, arriba las nubes se mueven grises sin recibir la luz del sol. La machi Pinda camina por detrás de cada uno de nosotros, el sonido del lago es incesante, se amontona en el oído, permanece en el tiempo. Las ramas secas prácticamente se han consumido. El puel sigue gris, sobreexpuesto. Aún no aparecen los primeros rayos del sol. La machi Pinda ofrenda maíz al fuego. El agua del lago no deja de acercarse a nuestros pies.

Segundo fotograma

Los choikes (avestruz) son cinco, pero al Auditorio de la Secretaría de Turismo de la Municipalidad entraron tres. Dos choikes jóvenes y un charito, un pichiwentru. Los choikes visten kalfu. El makuñ son las alas del choike, las cascahuillas no dejan de sonar, de atraer, de llamar a los ancestros. La cabeza y el pico del choike gira, se mueve en círculo, giran hacia la derecha. Cada choike tiene su propio paso, todos mantienen un ritmo y velocidad, pero cada uno realiza su propio paso de atracción. Los choikes desean atraer a una hembra, deben dar cinco toques, imitar a cinco animales. En el Auditorio bailan hasta que el pichiwentru se cansa. Los presentes arengan. Las sillas y las baldosas se convirtieron en elementos secundarios.

Tercer fotograma

“¿Cómo se llama esto?”, pregunta un hombre con una trarilonko en la cabeza en el centro de la plaza “Expedicionaria al Desierto” de Bariloche. “Wiño” responde un pichiwentru rápidamente. “¿Y esto?” vuelve a preguntar el hombre alto de trarilonko en la cabeza sosteniendo una esfera pequeña en la mano. “Pali”, responden varios niños.

La intervención no es menor. Un grupo de niños de la ciudad toma una caña con forma de palo de hockey y se prepara para disputar un enfrentamiento. Hay que trabajar en equipo, concentrarse, mostrar destreza. La pelota tiene que llegar como en un partido de fútbol del lado contrario de donde ataca cada equipo. Luego llegaron los adultos. Entre ellos personas que yo conocía de chico; personas que vivían cerca de mi barrio en Neuquén, y que yo no sabia que eran mapuce. Grata sorpresa encontrarlos jugando al Palín en Bariloche. ¿Y si un día todos los vecinos del barrio donde me crié comenzarán a usar trarilonko? ¿Y si un día decidieron usar un Mañum, jugar Palín, reconocer su küpan?

Cuarto fotograma

Con la hoja de la cebolla y agua se crea el color naranja, con la menta color verde, con la lengua de vaca se crea el color marrón (claro). La utilización de colores naturales sobre la lana y el lento y estratégico trabajo que se ejecuta nos recuerda al pensamiento y la filosofía originaria. “Hoy casi no se hace este tipo de telar. Lleva mucho trabajo y tiempo”. Claro las lógicas en las que estamos subsumidos dentro de la ciudad son otras, requieren de otros tiempos, y sistematización. ¿Cómo vamos a pasar uno o dos meses haciendo una sola “prenda”?


Lawen: planta medicinal. Wenxu: hombre. Pichiwentru: muchacho. Charito: niño que hace la danza del Choike. Ñaña: cariñosamente, hermana mayor. Kalfu: azul. Makuñ: poncho que usa el hombre. Trarilonko: vincha. Wiño: palo para jugar el palin. (Nota del editor)

Categorías: Pueblos Originarios, Sudamérica
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